Este escrito es de los más especiales, pues combina mi fascinación por la literatura latina con la visión y ayuda de una de las personas más importantes en mi vida, de la que escuché los primeros versos. Puesto que en alguna ocasión uso palabras que no utilizamos en nuestro vocabulario, estas están señaladas con un asterisco (*) y aparecen definidas al final de esta entrada.
Nota: ¿No sabes lo que es el reto del diez? Puedes mirarlo aquí mismo:
La
magia residía en su almohada, pues cada noche acostaba sus hermosos cabellos en
ella y al despertar, parecía que estuviese cubierto por dorados polvos. Quizá era eso, o para una persona realista, la explicación simplemente residía en
cuentos o leyendas que le eran narrados antes de dormir.
Pero
no, ella sabía que todo lo que rondaba en su mente durante la noche, era fruto
de algo que la razón de los más mayores no podía entender. Se había criado
entre poemas recitados por sus abuelas e historietas de valientes guerreros por
sus abuelos. Entre ambos sexos, habían conseguido convertir a la niña en un ser
tan equilibrado como una buena balanza. Así, la pequeña creció pensando en
bravas princesas.
Nadie
jamás se atrevió a comunicarle que su mundo no era así, pues era feliz en su
acolchada burbuja. Creía que las injusticias al final del libro acabarían, pero
no le habían contado que en el mundo real no existían últimas páginas. Que no
vendría una heroína amazona que rescatase a los que habían sido tratados injustamente.
Vivía
en su fábula diaria, y así trataba a los demás. Era dichosa paseando por la densa manigua* o escondiéndose entre el peligroso
marabú*, donde antes que ella, se habían ocultado hasta presos. Pero no era
culpa suya, el lugar donde le había tocado nacer, invitaba a la imaginación. Se
entretenía cogiendo enormes mariposas, que se posaban en flores a las que sus
padres llamaban “El anís de España”. En su jardín, las capturaba y las
encerraba en unas jaulas, esas cárceles las confinaban, y el ansia de libertad
hacía que se destrozasen sus coloridas alas al intentar escapar con fuertes
aleteos.
De
lo que más gustaba, era acudir a las casa de las Muñecas , una pequeña morada
para juguetes tras el hogar de los Tavío* ; gente que había hecho fortuna al
mudarse a la alegre isla de Cuba.
¡Cómo
no iba a creer en la magia, sí vivía en un lugar milagroso! Donde todo era un
baile en volandas blancas, o un cántico cerca del puerto. El teatro, los cines…
todo desprendía asombro ante sus ojos.
Todo era tan dulce, como el azúcar que salía de la caña y que veía pasar
en trenes cargados de ella. El traqueteo de la locomotora entraba continuamente
a renovar esos polvos que a muchos les suponían la felicidad disuelta en café.
Degustaba
enormes piñas y su jugo le corría por sus coloradas mejillas, que solo daban
lugar a reconocer la inocencia en la cara infantil. Naranjeros y limoneros se
alzaban a su vista en campos inmensos de tonalidades amarillas y anaranjadas.
En
una isla del Caribe, los árboles frutales ambientaban la vida de cada
individuo, pero el olor dulzón de todos ellos era especial para la pequeña.
Comía una guayaba y el lanzar sus restos significaba el crecimiento de otra planta sin
necesidad de un cuidado experto, más que el de la sabia naturaleza. Sus labios
siempre morados por su afán de comer caimitillos*, o los caimitos* rojos, que
le parecían mejor que cualquier carmín.
No
era culpa suya creer en la magia, se crió en un lugar, donde la magia le hacía
creer a ella.
GLOSARIO:
Manigua:
Terreno
pantanoso cubierto de maleza tropical.
Marabú: una
planta arbustiva espinosa africana de la familia de las leguminosas, de la tribu Mimoseae que en Cuba es
una plaga y recibe este nombre común.
Tavío:
familia de Arona procedente de Cuba, donde amasaron una gran fortuna.
Caimitillos:
fruta silvestre parecida a un racimo de uvas.
Caimito:
fruta tropical.

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Un escritor es,
un hombre que establece su lugar
en la utopía.
Abelardo Castillo.