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De una promesa, surgió mi resurrección.

martes, 23 de julio de 2013

Reto del diez. 7/10


Nota: ¿No sabes lo que es el reto del diez? Puedes mirarlo aquí mismo:







Tu coleta hondeaba con la brisa que a ti y a mí nos acompañaba.
Tu codo apoyado en el costado de tu vestido de los domingos.
La ceniza que caía con unos suaves toques al cigarrillo, que luego era llevado de nuevo a tus labios.
Te miraste en el espejo. Aquel que estaba roto ,y te retocaste el lazo que hacía que tus cabellos no danzase n libre.

Terminaste de dar una última calada y lo lanzaste por la ventana de la vieja casa.
Tus piernas blancas se sentaron en ese mismo alféizar y contemplaste algo que no era mucho. Una desierta carretera, un par de árboles en la lejanía y las montañas, al fondo. Delimitando quizás esta vida y otra.
Suspiraste ,un mechón del flequillo se movió a causa del viento.
Allí está, apoyada en la pared. La guitarra que te regaló tu padre, el único recuerdo que lleva su nombre.
Tus yemas pasan por las gruesas cuerdas y te estremeces. Sin haberlo pensado antes, los dedos comienzan con una melodía triste pero reconfortante.
La conoces muy bien, desde niña, la habías escuchado una y mil veces en aquella voz ronca. El olor a anís se apodera de tu nariz, y te tele transporta a lugares pasados.  Recuerdas las palmadas de acompañamiento, tu sentada en algunas rodillas, los bizcochos de piña.
No puedes evitar reírte, en algún momento tu infancia fue bonita. No llena de grandes cosas ni abundancias, pero si sencilla y feliz.
Miras la puerta, destartalada ya por el paso de los años. No se te ocurre mejor cosa que calzarte las botas que sabías que se guardaban en el armario del pasillo y salir corriendo a pisar los charcos que la lluvia, un tanto fugaz, ha dejado.
Estiras los brazos, como si  con ellos pudieses levantar el mundo y sonríes.
Levantas tu cabeza, sueltas la coleta. El pelo se mueve, gira, busca la forma ideal para acabar sobre tus hombros.
Y allí está,  sin nadie pedírselo ha salido para demostrar una cosa. Después de cada tormenta, siempre hay un arco iris.
Me miraste, casi te habías olvidado de que seguía allí, observando cada movimiento.
Con seguridad y fuerza te acercaste y cerraste para siempre el capítulo de aquella historia.
Me alegré, ya era hora de que empezases uno nuevo.

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Un escritor es,
un hombre que establece su lugar
en la utopía.

Abelardo Castillo.