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De una promesa, surgió mi resurrección.
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miércoles, 29 de julio de 2015

Yo también perdí a mi unicornio.

Silvio, ahora te entiendo.

Sigo sin poder,
datar a las metáforas
de la hora de su muerte.

Pues cuando quedan plasmadas,
se convierten  - deliciosamente-
en un no sueño.
Y me da pena,
dejarlas así.

Solas.

-Pero con ella-

En la compañía mortífaga,
del manto negro de su muerte
que sus huesudas manos dibujan,
de forma incoherente.

¿Y si no hay alma?

Solo gritaré a las oscuras ánimas

-que roban

-me roban

A mí.

Incapacitada de diástole continua,
tras un reloj que me quiere
-entre sus engranajes-
dejar seca de voluntad
ante la cuidadosa tarea de entregarme.

A mí. 

Y sigo molesta,
al más puro estilo Hitleriano,
de la soberbia implícita,
de los argumentos que mi boca regala.

De la verdad que entraño guardar,
siendo yo un monstruo oscuro,
bajo una indecisión de piel y miedo.

Miedo y piel
Piel...
...y nada. 

Y ahora, en este momento
 me digo de forma meteorítica
que entiendo,
eso de hablar con las palabras.

Y que no hay más que dejar un constante fluir.
Una enredadera alongada hacia el balcón de mi angustia.

De querer ser,
de ser,
de haber sido.




domingo, 12 de octubre de 2014

Soy y he sido.

Vuelvo a ser yo,
porque tu no estás.
Porque puedo llorar
y saber que no está mal.

¿Sabes un secreto?
Volví a pasar por una librería,
empecé a leer de nuevo
y a sentirme cálida sin mantas.

Me convertí en árbol otoñal,
desnudo por un instante
y aún así con mucha fuerza,
aguardando a la primavera.

Respiré profundo,
mis hombros me decían:
para, te vas a ahogar.
Y lo dejé en standby.

Y recordé aquello del cambio,
que todo pasa y nada permanece.
Pero cómo no poder mirar 
a mi reflejo perpetuo.

Encadenado en un vago recuerdo,
le había puesto encima
demasiados trastos viejos.
Los aparté a todos y cada uno.

Y me relajé,
porque hasta ahora,
vivir no había sido tan sencillo
y solo tenía que respirar.

Volví a mi cuarto de adolescente,
antes de que la historia cambiase
a un narrador semipresente y poco estable.
y me miré desde arriba, desde abajo.

Disfruté de todos mis ángulos,
de mis sueños y convicciones.
Y me reencontré con mi paz
entre el ayer y las memorias.

¿Son mis caminos,
acaso las bifurcaciones
de todas aquellas estrambóticas
pero aún así posibles decisiones?

Parad el juego, detened las cartas
 y que cese la música del universo.
Que busco el silencio interior,
que me encuentre con el ruido exterior.

Un encuentro esquemático,
desde lo interno a lo externo.
de las entrañas al pintalabios,
del estómago al mariposario.

A creer, que no todo está perdido
y que las oportunidades se dan a pares.
A empezar a construir una casa,
por una maldita vez, desde el cielo y sus altares.

Si algo en tus dedos, no te permite sentirlo:
huye cuanto antes, porque no es conclusiva
una experiencia que nos deja en este estado
escaso y siempre miserable.

Quiero elevar la cabeza,
-en todo lo que haga estirar mi cuello-,
y así la música de mi cabecera
inunde mis brazos y mi mente.

Porque carajo, estoy creando mi vida,
mis instantáneas eternas, mi mapa,
mi ser y reconstruyendo mi antigua alma.




El camino siempre fue el correcto, el problema es perderse en él. 


domingo, 21 de septiembre de 2014

Frío desencanto.

Llueve en Salamanca, pero a mí una vez me dijeron que en esta ciudad el cielo raramente regalaba lágrimas. Aun así no han parado de caer desde que llegué aquí.

¿Somos las personas ciudades de lluvia ocasional? ¿Nos creemos con la capacidad absoluta para decir que circunstancialmente nos inundan las lágrimas? Supongo que todos tenemos nuestra tormenta eléctrica propia para mirar a través de la ventana.

Pero te pones un jersey para ocultar los pedazos de tu alma y aunque eso no quite tu frío interno, te acomodas entre las multitudes que pasean por los charcos. Y sigue lloviendo, tronando y cayéndose el mundo sobre tu cabeza (o dentro de ella)
El viento, impasible sigue meciendo nuestros entes traslúcidos, que divagan en dirección a la avenida desencanto. Me enciendo una vela y la pongo junto a la ventana, la abro y se apaga. Cojo el mechero y el viento se lleva el fuego. ¡Mueve la vela, cierra la ventana! Joder, no es tan complicado, pero no puedo. La propia luz inexistente no me deja. Porque aunque esa vela esté apagada y el frío entre por la ventana, sigue siendo calor en contemplación teórica, y me vuelvo a poner el jersey para el alma y me quemo la tela con el mechero, porque claro, se me había olvidado que yo (al igual que la vela) también huelo a pasividad. Entonces, quemo el tiempo, las fotos de fiesta y ese maldito póster de Klimt que tanto me gusta y preside mi cama. Quemo las sábanas para que los sueños no se mojen en ellas y quemo la madera del suelo para no tener que volver a caminar en él.
Cierro la ventana, la puerta y me inundo el pecho de humo. Respiración, expiración, respiración, expiración. Reproducción número 22 de la misma canción, porque quiero morir en un loop de música otoñal. Sí, precisamente de esa que te hace caer los párpados para verla en la oscuridad.

Ha parado de llover en Salamanca mientras escribía esto, pero ahora vuelve a enfadarse el cielo y a tirar agua sin bendecir sobre el tejado de mi edificio. 

domingo, 1 de junio de 2014

El Atlántico nos necesita.

Esto se escribió el día de Canarias (30 de Mayo) pero el motivo no era de festejo, pues una triste noticia se hace dueña del archipiélago. "Medioambiente da luz verde a las prospecciones petrolíferas en
Canarias", rezaban los periódicos isleños. Recomiendo que esto sea leído desde la rabia y el enfado, todo aunado en una azul tristeza. 
Para ayudarnos a los que aún creemos que el mar de Canarias no debería tocarse, por favor firma la petición en www.savecanarias.org


Chapapote


Hoy, que es el día de nuestras siete islas,

es el momento de gritar más allá de su mar.
Le canto a la salitre en los ojos,
y a su turquesa , azul siempre azul.
Al vuelo de las gaviotas y el ondear del pinar.

Le pido disculpas a las rocas de la costa,
testigos eternos e impasibles de nuestro crimen.
Le pido ayuda al sentimiento que todos llevamos dentro,
en el pecho, en su lado izquierdo, nuestro latir.
Para así no dejar partir a la magia de nuestro hogar.

Perdona si me oyes temblar,
pero es que quieren pintar mi casa,
de un negro futuro y oleoso presente.
Disculpa si me has visto llorar,
pero es que no les quiero dejar pasar.

No quiero volver a casa,
a hundir mis rodillas en la arena,
para embadurnarme las manos y el alma,
con ese sucio tesoro que les ha devanado el seso,
para no ver el verdadero oro al horizonte.

Porque yo, que no la veo todos los días,
no quiero que a la mar la llamen recuerdo.
¡Qué no quiero contar, a mis hijos y a mis nietos,
que lo que ahora ellos ven negro, un día no fue esperpéntico!

A la cúpula ambiental le pido que piense,
en todo lo que nos va a quitar sin ser siquiera nuestro.
Aquí, en las islas estamos tomando prestada,
la amabilidad de su tierra, y le estamos devolviendo
la sentencia firmada y sellada, de una muerte lenta.

Que el canario de verdad, no toleraría
que las instantáneas paisajísticas,
que los poetas han regalado al oído,
sean simples palabras en libros.
Y que yo, hija del mar, pienso reclamar.

A un isleño, le quita el sueño pensar
que alguien se declare, dueño y señor del mar.
Pero a la entera humanidad, le pido,
desde un requerimiento sincero,
que no nos dejen solos ante ellos.

Somos tierra y arena,
el fuego de las palabras,
el cantar de una era.
Somos los inquilinos orgullosos,
de un paraíso oculto y un Atlántico que espera.

Aguarda, pacientemente,
a que alguien salga en su defensa.
Y yo te aseguro que ni Soria ni cualquier sinvergüenza,
nos dejarán a nosotros y a nuestros hijos,
sin la belleza de esta tierra.

lunes, 5 de mayo de 2014

Papeles al viento.

Ayer te rompí,
en cuatro partes iguales.
Y hoy, tú tratas de reconstruir
las torres que yo trato de tirar.

¿Sabes que ayer lloré en el cielo?
Cuando miré por última vez,
la extensión zafiro  y turquesa
que ando buscando en tierra árida y seca.

Me dejó mas triste tu desilusión,
que dejarla a ella.
Pero que más te dará,
si hay mas pájaros en el mar.

Ya todos saben de ti,
te he consagrado en vida.
Felicidades, porque hasta las musas
me recuerdan que existías.

Adiós amor, hasta la vista.
Que seco suenan las despedidas,
cuando  yo sé que no son ciertas.

Que las ventanas se me quedan enanas,
para gritar a los cuatro vientos
que se pasean por mi ciudad amada,
para decirte que ya no pintas nada.

Y en el filo de mi costilla.
Y en el filo de mi clavícula.
Y en el filo de tu cuchillo,
clavé yo mi sonrisa.




lunes, 21 de octubre de 2013

Sóplame en el alma.


Dos desconocidos,
que llegaron a verse.
A rozarse en la avenida,
a flotar en sus abrigos.

Un regazo,
sosteniendo a otro.
Dos desconocidos,
solo eran eso.

Eran fruto,
eran manzanas.
Eran calor,
eran serpientes envenenadas.

No latía un corazón,
eran dos desconocidos,
que custodiaban únicamente
solo un espacio y tiempo.

Era un estremecer de hombros,
una culpabilidad entera,
las que danzaban por sus caderas.

Las que llevaban a lo oscuro,
al miedo más profundo.
A caer en la piedra,
bajo los zapatos morados.

Hipérbole en su amplitud,
para lo más nimio.
El poeta vive en versos,
aunque estén descompuestos.

El día que me encuentres,
tendrás que cavar hondo.
Soplar el polvo
de la astilla de hueso.

E incluso sacudirme ,
haciéndome temblar
los hombros y el pecho.

viernes, 30 de agosto de 2013

Casi autorretrato.

Podría contarte, que he aprendido a meterme en camisas anchas, que resbalen por mis hombros. Que disfruto con un torpe moño y pies descalzos. Tal vez, debería contarte que lo que era silencio ahora es ritmo y armonía... y podría caer en mil tópicos.
Que me gusta la lluvia y una taza de café, o que el "carpe diem" es mi filosofía. Te lo juro y puede que se cierto, no lo negaré jamás.
¿Pero...y si te cuento que mi alma es ahora más dorada? Que mis ideas se dibujan en papel y que mis trazas ya no son tan burdas.
Si te digo que quiero correr a cualquier lado, no me creas...tengo una meta. Pero si pido volar, ya el cielo es un futuro demasiado extenso, sin mapas de guía y apenas intuición.
¿Cómo escribir en prosa, si eres un jodido verso? De esos que se cuelan por las costillas, para meterse en tu sangre. De esos, condenados a la asfixia en las gargantas. De esos que no te atreverías a pronunciar.
Puedo desparramar millones de letras en lienzos sangrantes y abandonarlo aquí. Escribir con un punto y final, o vivir entre comas. Sin respiraciones profundas, solo las necesarias para continuar y no cabar inconsciente.
Puedo meterme en el mar y sentir el frío mientras buceo, o salir a la superficie caliente por el sol. Puedo tener ambas sensaciones, grabadas a fuego como si las fuera a perder.
Podría decirte que solo soy lo que aquí dejé escrito, o quizás y solo tal vez, ni me guste el café, ni ame la lluvia.

lunes, 29 de julio de 2013

Go raibh maith agat.


Si bien este poema no tiene sentido alguno, ni una gran calidad técnica, la añoranza en una noche de verano, a veces prima más. 



¿Y tú me explicas
por qué hecho de menos
el frío por las mañanas?





¿Por qué añoro las risas,
aún estando lejos de casa?
Las pérdidas matutinas, es un hecho,
se nota que soy despistada.




Pasear por mil calles,
entrar en mil tiendas…
Descubrir mil lugares,
siempre cerca de gente estupenda.





Porque la magia se escondía
en algo nuevo cada día.
Un parque o un puerto,
la playa  al mediodía.






Una travesía de 30 días,
alejada, a la deriva…
Escondida de lo de siempre.






Es una añoranza que asfixia,
saber que repartidos por el mundo,
Están mis recuerdos esparcidos.





 Pero, una sonrisa o dos besos,
cuatro risas y un pasado.
Y yo sigo echando de menos,
mi querido puente de Irlanda.