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De una promesa, surgió mi resurrección.
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domingo, 12 de octubre de 2014

Soy y he sido.

Vuelvo a ser yo,
porque tu no estás.
Porque puedo llorar
y saber que no está mal.

¿Sabes un secreto?
Volví a pasar por una librería,
empecé a leer de nuevo
y a sentirme cálida sin mantas.

Me convertí en árbol otoñal,
desnudo por un instante
y aún así con mucha fuerza,
aguardando a la primavera.

Respiré profundo,
mis hombros me decían:
para, te vas a ahogar.
Y lo dejé en standby.

Y recordé aquello del cambio,
que todo pasa y nada permanece.
Pero cómo no poder mirar 
a mi reflejo perpetuo.

Encadenado en un vago recuerdo,
le había puesto encima
demasiados trastos viejos.
Los aparté a todos y cada uno.

Y me relajé,
porque hasta ahora,
vivir no había sido tan sencillo
y solo tenía que respirar.

Volví a mi cuarto de adolescente,
antes de que la historia cambiase
a un narrador semipresente y poco estable.
y me miré desde arriba, desde abajo.

Disfruté de todos mis ángulos,
de mis sueños y convicciones.
Y me reencontré con mi paz
entre el ayer y las memorias.

¿Son mis caminos,
acaso las bifurcaciones
de todas aquellas estrambóticas
pero aún así posibles decisiones?

Parad el juego, detened las cartas
 y que cese la música del universo.
Que busco el silencio interior,
que me encuentre con el ruido exterior.

Un encuentro esquemático,
desde lo interno a lo externo.
de las entrañas al pintalabios,
del estómago al mariposario.

A creer, que no todo está perdido
y que las oportunidades se dan a pares.
A empezar a construir una casa,
por una maldita vez, desde el cielo y sus altares.

Si algo en tus dedos, no te permite sentirlo:
huye cuanto antes, porque no es conclusiva
una experiencia que nos deja en este estado
escaso y siempre miserable.

Quiero elevar la cabeza,
-en todo lo que haga estirar mi cuello-,
y así la música de mi cabecera
inunde mis brazos y mi mente.

Porque carajo, estoy creando mi vida,
mis instantáneas eternas, mi mapa,
mi ser y reconstruyendo mi antigua alma.




El camino siempre fue el correcto, el problema es perderse en él. 


domingo, 1 de junio de 2014

El Atlántico nos necesita.

Esto se escribió el día de Canarias (30 de Mayo) pero el motivo no era de festejo, pues una triste noticia se hace dueña del archipiélago. "Medioambiente da luz verde a las prospecciones petrolíferas en
Canarias", rezaban los periódicos isleños. Recomiendo que esto sea leído desde la rabia y el enfado, todo aunado en una azul tristeza. 
Para ayudarnos a los que aún creemos que el mar de Canarias no debería tocarse, por favor firma la petición en www.savecanarias.org


Chapapote


Hoy, que es el día de nuestras siete islas,

es el momento de gritar más allá de su mar.
Le canto a la salitre en los ojos,
y a su turquesa , azul siempre azul.
Al vuelo de las gaviotas y el ondear del pinar.

Le pido disculpas a las rocas de la costa,
testigos eternos e impasibles de nuestro crimen.
Le pido ayuda al sentimiento que todos llevamos dentro,
en el pecho, en su lado izquierdo, nuestro latir.
Para así no dejar partir a la magia de nuestro hogar.

Perdona si me oyes temblar,
pero es que quieren pintar mi casa,
de un negro futuro y oleoso presente.
Disculpa si me has visto llorar,
pero es que no les quiero dejar pasar.

No quiero volver a casa,
a hundir mis rodillas en la arena,
para embadurnarme las manos y el alma,
con ese sucio tesoro que les ha devanado el seso,
para no ver el verdadero oro al horizonte.

Porque yo, que no la veo todos los días,
no quiero que a la mar la llamen recuerdo.
¡Qué no quiero contar, a mis hijos y a mis nietos,
que lo que ahora ellos ven negro, un día no fue esperpéntico!

A la cúpula ambiental le pido que piense,
en todo lo que nos va a quitar sin ser siquiera nuestro.
Aquí, en las islas estamos tomando prestada,
la amabilidad de su tierra, y le estamos devolviendo
la sentencia firmada y sellada, de una muerte lenta.

Que el canario de verdad, no toleraría
que las instantáneas paisajísticas,
que los poetas han regalado al oído,
sean simples palabras en libros.
Y que yo, hija del mar, pienso reclamar.

A un isleño, le quita el sueño pensar
que alguien se declare, dueño y señor del mar.
Pero a la entera humanidad, le pido,
desde un requerimiento sincero,
que no nos dejen solos ante ellos.

Somos tierra y arena,
el fuego de las palabras,
el cantar de una era.
Somos los inquilinos orgullosos,
de un paraíso oculto y un Atlántico que espera.

Aguarda, pacientemente,
a que alguien salga en su defensa.
Y yo te aseguro que ni Soria ni cualquier sinvergüenza,
nos dejarán a nosotros y a nuestros hijos,
sin la belleza de esta tierra.

lunes, 5 de mayo de 2014

Papeles al viento.

Ayer te rompí,
en cuatro partes iguales.
Y hoy, tú tratas de reconstruir
las torres que yo trato de tirar.

¿Sabes que ayer lloré en el cielo?
Cuando miré por última vez,
la extensión zafiro  y turquesa
que ando buscando en tierra árida y seca.

Me dejó mas triste tu desilusión,
que dejarla a ella.
Pero que más te dará,
si hay mas pájaros en el mar.

Ya todos saben de ti,
te he consagrado en vida.
Felicidades, porque hasta las musas
me recuerdan que existías.

Adiós amor, hasta la vista.
Que seco suenan las despedidas,
cuando  yo sé que no son ciertas.

Que las ventanas se me quedan enanas,
para gritar a los cuatro vientos
que se pasean por mi ciudad amada,
para decirte que ya no pintas nada.

Y en el filo de mi costilla.
Y en el filo de mi clavícula.
Y en el filo de tu cuchillo,
clavé yo mi sonrisa.




lunes, 21 de octubre de 2013

Sóplame en el alma.


Dos desconocidos,
que llegaron a verse.
A rozarse en la avenida,
a flotar en sus abrigos.

Un regazo,
sosteniendo a otro.
Dos desconocidos,
solo eran eso.

Eran fruto,
eran manzanas.
Eran calor,
eran serpientes envenenadas.

No latía un corazón,
eran dos desconocidos,
que custodiaban únicamente
solo un espacio y tiempo.

Era un estremecer de hombros,
una culpabilidad entera,
las que danzaban por sus caderas.

Las que llevaban a lo oscuro,
al miedo más profundo.
A caer en la piedra,
bajo los zapatos morados.

Hipérbole en su amplitud,
para lo más nimio.
El poeta vive en versos,
aunque estén descompuestos.

El día que me encuentres,
tendrás que cavar hondo.
Soplar el polvo
de la astilla de hueso.

E incluso sacudirme ,
haciéndome temblar
los hombros y el pecho.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Litros de sal.

Empecé diciendo que este blog era fruto de un cambio y que eso mismo es lo único eterno. Siendo fiel a mi filosofía he cambiado de sol pero no de luna. Me encuentro en tierras salmantinas y estoy segura de que es un nuevo periodo literario, por todo lo que voy a respirar aquí. Pasear cada día por las mismas calles que Unamuno pisó y que Fray Luis de León contempló es una de los mejores sentimientos que he podido sentir.
Por otro lado la independencia repentina ha ocasionado que abandone "Mis trazas de papel", pero eso no significa dejar de escribir, la poesía tiene esa ventaja. Es compatible en al vida y en el sueño, es inspiración momentánea o trabajo arduo.

A punto de marchar de mi pequeña isla y no ver el océano cada mañana, surgió este poema que veo la necesidad de explicar. Aunque al final siempre el producto estará al gusto del consumidor.


Mi primer trueno,
llegó la noche
que la soledad hizo suya.

Más interna que externa.
Más intensa que extensa.
Menos mía y más tuya.

Hundí mi cabeza 
en litros de sal.
Era agua,
lo que mis venas albergaban.

Agua, y litros de sal.
Nueve semanas y media,
ese es el tiempo
en el que pierdo la respiración.

Es el momento,
en el que mi piel cela el sol.
Es un moño para el calor.
Es un abrigo para la desolación.

Es un anillo comprometido
a recoger tus pedazos.
Pero ya son quinientos cristales,
en mi regazo.

Hundí mi cabeza en sal,
pues solo quería volver a la profundidad.

Pintar más en el alma
- que en el lienzo.
Cantar más que en la lluvia
- en el trueno.

Quería bailar 
más que en el suelo,
junto a la luna.

Siempre alrededor,
de su cara más oscura.



lunes, 9 de septiembre de 2013

No se si eres tú, o que me he tatuado un pentagrama en el pecho. (4:44)


Te lo diría,
que estoy enamorada de tu sonrisa.
Esa, que desde lejos me dedicas,
inconsciente tú de ello.

Te lo diría,
que tus manos, son música.
Y que mi oído es un yonkie de la armonía.
Y que mi boca tararea mil veces tus melodías.

Te lo juro,
no si es por ti.
Pero siento ganas de devorar nuevas notas.
Tú, desconocido.
Tú, músico.

Te lo repito,
no se si la inconsciencia,
abarcará jamás alguna paciencia
del golpeo de tus yemas,
sobre mil tecas negras.

Y te lo digo,
claro,
sin rodeos.
No se si eres tú,
o que me he tatuado un pentagrama en el pecho.

Que me impide dejar,
-o abandonar-
No si es verte lo que me inspira,
o que me inspiro para poder verte.

Pero sueño con algún día,
armonizarte un arpegio,
para que sea tu ser
el que lo traiga a la vida.
El que me invite a una sinestesia,
en la que oír y amar son sinónimos.

Si vuelves,
no me abandones.
No como la última.
Te encerré durante mucho tiempo.

Disfruta de este cielo,
que hoy se abre anti ti.

Te lo digo.
Te lo prometo.
Te lo juro.

Compondría mil versos,
si ellos sonasen de tu alma.

Perdona por abandonarte,
privarte del sonido.
Tu espalda yo me ciño hoy  a mi pecho.
Querido, siento todo este tiempo.

jueves, 15 de agosto de 2013

A ti.


Extenuada.
Cansada.
Muerta.
Aniquilada.
Buscarte en mil abrazos,
queriendo rodear tus labios.
Perderme en mil versos,
que destilan tu tinta en ellos.
Y que en la espalda,
se me clave el alma.
Y que en el cuello,
descienda mi rabia.

miércoles, 31 de julio de 2013

Para y mira.

Si yo me fuera,
tendría que llevar
 una gran maleta.

De esas inmensas,
en las que entran 
todas las experiencias.

Pero si yo me fuera,
debería cargar con pocos,
y dejar a muchos.

Y sería de mí,
todos menos la palabra ajena.
A  mi nombre y apellido,
le regalaría una fecha.

Un número para nacer,
un camino sin recorrer.
El nuevo mundo,
sin estrenar.

Y correría hacia lo virgen,
para olvidar lo que no lo es.
No cambiar de luna,
sino de sol.

Pero no podría,
poner pies en polvorosa,
y correr hasta las estrellas.

Porque en cada recuerdo,
me ata la felicidad pasada.
Y es más cómodo rememorar,
y es menos cómodo caminar.

Pero no es poder,
lo que yo busco en la palabra.
La mayeutica tiene una verdad suprema,
y no es el concepto acertado,
si la definición no es exacta.

¿Entonces, que diccionario me regalarías?
¿Ocho versos en un libro,
o cuatro prosas en mi hastío?

Exhausta de buscar,
la acepción perfecta.
No se me escapa el tiempo si no sigo.

Descansar no es perder,
es ganar.