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De una promesa, surgió mi resurrección.

lunes, 20 de abril de 2015

Alethia Veritas.

Era la sonrisa gitana,
del pelo ensortijado
y los pequeños aros,
que dormían en su oído.

Las bellas esferas,
color plata endemoniada,
que se combinaban,
con la caída del precipicio.

La longitud extensa,
de su barbilla a la clavícula.
y su mirada lánguida
al abismo de su vida.

Al cuello de cisne,
le agregué un collar
que rebosaba soberbia
y era todo lo que necesitaba.

En la copa de vino blanco
en la que se acurrucaba,
metí la vedad que a todos susurraba
cuando la noche acercaba.

Hacía a la luna su amiga
y tocaba con sus pies,
la cáscara marina
que pasaba a otra vida.

Pintaba en su mejilla,
con gris ceniza
el difunto mensaje
que atesoraba su espalda.

Que quería desnudarse
en la mar profunda
Y sentir el frio
de su corazón sumergido.

Encuentra mi pecado,
y constrúyeme una hoguera.
 Entonces mi alma,
te contará su secreto.

Enséñame tus balas
y cubre el espacio de mis alas
Volar no es para un ángel
que emergió del infierno.

Destroza mis dedos
anudados a mi cuello,
y de rodillas confesaré
el suave grito,
que te perseguirá.

Ten por seguro,
que mis fantasmas corren libres,
Te buscarán bajo las piedras
y en lo alto de  tu cima

Me perseguirás,
por la oscuridad de mi abdomen
Ten por seguro
que mis fantasmas corren libres.





domingo, 2 de noviembre de 2014

Las alas de la sonrisa.

Reina de corazones
se pasea por la noche
con una carta en su mano.


Bendito el destino,
asiduo ludópata del as.
Cruel corona dorada
y asonante sueño rimado


Da vueltas a ciegas,
al lado de la luna y
al ritmo de la música
contonea el miedo.

Lo saca del bolso,
y a todos se lo muestra:
su corazón aún dormido
en señal de protesta.


Se empeña en gritar,
que no sobra el amor
Se pega a los labios,
la sombra de la duda.


Baila con la luna,
enciende las caderas
y las mueve para olvidar.
Pide otra cerveza porque ella va a tardar.


No volverá esa noche a casa,
sino que se dejará al azar
y se permitirá quitar los zapatos
una noche más para volar.

Lleva en la mejilla,
escondidas a la vista,
sus alas de papel.








domingo, 26 de octubre de 2014

En sobreaviso

Hay momentos en los que primero necesitas inspiración para luego expirarlo todo. Pequeño proceso creativo en fase1. Seguiremos navegando.

domingo, 12 de octubre de 2014

Soy y he sido.

Vuelvo a ser yo,
porque tu no estás.
Porque puedo llorar
y saber que no está mal.

¿Sabes un secreto?
Volví a pasar por una librería,
empecé a leer de nuevo
y a sentirme cálida sin mantas.

Me convertí en árbol otoñal,
desnudo por un instante
y aún así con mucha fuerza,
aguardando a la primavera.

Respiré profundo,
mis hombros me decían:
para, te vas a ahogar.
Y lo dejé en standby.

Y recordé aquello del cambio,
que todo pasa y nada permanece.
Pero cómo no poder mirar 
a mi reflejo perpetuo.

Encadenado en un vago recuerdo,
le había puesto encima
demasiados trastos viejos.
Los aparté a todos y cada uno.

Y me relajé,
porque hasta ahora,
vivir no había sido tan sencillo
y solo tenía que respirar.

Volví a mi cuarto de adolescente,
antes de que la historia cambiase
a un narrador semipresente y poco estable.
y me miré desde arriba, desde abajo.

Disfruté de todos mis ángulos,
de mis sueños y convicciones.
Y me reencontré con mi paz
entre el ayer y las memorias.

¿Son mis caminos,
acaso las bifurcaciones
de todas aquellas estrambóticas
pero aún así posibles decisiones?

Parad el juego, detened las cartas
 y que cese la música del universo.
Que busco el silencio interior,
que me encuentre con el ruido exterior.

Un encuentro esquemático,
desde lo interno a lo externo.
de las entrañas al pintalabios,
del estómago al mariposario.

A creer, que no todo está perdido
y que las oportunidades se dan a pares.
A empezar a construir una casa,
por una maldita vez, desde el cielo y sus altares.

Si algo en tus dedos, no te permite sentirlo:
huye cuanto antes, porque no es conclusiva
una experiencia que nos deja en este estado
escaso y siempre miserable.

Quiero elevar la cabeza,
-en todo lo que haga estirar mi cuello-,
y así la música de mi cabecera
inunde mis brazos y mi mente.

Porque carajo, estoy creando mi vida,
mis instantáneas eternas, mi mapa,
mi ser y reconstruyendo mi antigua alma.




El camino siempre fue el correcto, el problema es perderse en él. 


domingo, 5 de octubre de 2014

Pasillo 9, carnes y pescados.

Somos trozos de carne en el último pasillo de alimentos frescos. Bistecs con los labios rojos y falda, con alguna cerveza en la mano o danzando de un lado a otro en una noche exclusivamente de amigas.
Creo que todos hemos visto el magnífico discurso de Emma Watson (aquí el vídeo) acerca del feminismo hoy día y sinceramente, yo estas semanas me he planteado mucho que debo luchar todos los días por nuestros derechos. Obviamente, las cosas han cambiado en siglos de historia, pero a nivel primario, la sociedad sigue llevando a sus hombros la palabra heteropatriarcado. 

Sexismo  benévolo, es el término que designa a ese tipo de trato desigualitario, pero que a primera vista puede parecer beneficioso. Os pongo un ejemplo muy común, ¿no os han dejado pasar nunca en una discoteca porque sois mujeres y tenéis pecho? ¿En una discoteca las chicas pueden llevarlo todo muy corto, pero un chico tiene que cumplir las normas en cuanto a la hora de vestir? A mi sí, repetidas veces además. Nos utilizan como reclamo, filetes que son lanzados a los hombres para acudir a esas discotecas. Pasillos cuando quieres ir al baño, en donde te observan minuciosamente, comprobando el estado de la mercancía. Conversaciones vacías cuyo objetivo último y verdadero consiste en acabar en sábanas ajenas (ojo, no crítico el sexo esporádico, sino la visión de las mujeres como objetos meramente sexuales) De verdad, ¿a quién le gusta estar contra la pared con un chico baboso a tu lado? ¿A caso somos vaginas andantes, y el resto se cree impune a utilizarnos por nuestra condición sexual? Sinceramente, repugnante cuanto menos y muestra de la involución de la sociedad joven actual.
Pero todo esto no puede decirse, hay que permanecer calladitas, sonriendo y bien guapitas. Si no, te conviertes en una "feminazi" , estrecha y fea. Porque sí, el orgullo de los rechazados parece que se recompone a base de infravalorar a la persona que simplemente te ha dicho que no.
¿Pero qué hacemos para cambiar todo esto? Nada, absolutamente nada. A los hombres se les sigue educando de manera machista, sin permitirles expresar sus emociones (por favor, eso es para homosexuales, como va a un hombre de pelo en pecho a llorar) ¿Sabéis cuan peligroso es imponer un rol determinado? A los chicos, desde bien niños se les dice que tienen que correr, pelear, que se olviden de bailar o cocinar con mamá. Apunta a tus hijos a fútbol, olvídate de regalarle cualquier cosa que tenga colores que abarquen la gama de los rosados. Somos tan infinitamente estúpidos, que le ponemos género a los colores, los juguetes, la ropa, los coches, los deportes, las profesiones... y un largo etcétera. ¿Es justo a caso, limitar las posibilidades en función de tu género? Y me estoy refiriendo a ambos bandos, porque me resulta igual de asqueroso.
Creo firmemente que las mujeres y hombres debemos reafirmarnos como seres humanos, con libertades individuales y derechos. Derecho a disfrutar libremente de mi género en cualquier lado sin estar supeditada a que por poseer dicho género se me trate como ganado. Así como también reclamo el derecho a la educación libre, obviando los roles y estereotipos típicos en la sociedad para constituir un mundo igualitario, con plenos derechos sin distinción de ningún tipo.
La historia está hecha para cambiarla y no cometer los mismos errores.



domingo, 28 de septiembre de 2014

Versos de aviones.

Sea azul la turquesa
y rojo su interior,
mi isla guarda tesoros,
oh  doloroso corazón.

De su piedra maciza caen,
mis lágrimas en la mejilla,
más el aire nos ampara,
en el otro lado de la orilla.

Espérame fantasía
que me pongo de rodillas .
ante tus mil maravillas

Temo perderte a ti y tu querer,
pero con tus labios de lava
marcaste a fuego mi ser.

Soy hija de tu infierno,
madre isla quiéreme,
Pues yo te prometo
regresar a tu pecho a beber.

Trataré de regalarte el orgullo,
que tu madre requieres
Volveré a agarrar tu mano
más ahora he de soltarme.

Perdóname cielo azul,
que voy a cambiar de mar
y en las tierras doradas de Castilla
ahora empezaré a andar.

A tu lado siempre y en el corazón tatuado,
que soy isleña siempre no sea
que el océano no viaje de mi mano.

Madre isla espérame en el puerto,
y volveré a cantarte los romances
que anudados se hallan en mi pecho.


domingo, 21 de septiembre de 2014

Frío desencanto.

Llueve en Salamanca, pero a mí una vez me dijeron que en esta ciudad el cielo raramente regalaba lágrimas. Aun así no han parado de caer desde que llegué aquí.

¿Somos las personas ciudades de lluvia ocasional? ¿Nos creemos con la capacidad absoluta para decir que circunstancialmente nos inundan las lágrimas? Supongo que todos tenemos nuestra tormenta eléctrica propia para mirar a través de la ventana.

Pero te pones un jersey para ocultar los pedazos de tu alma y aunque eso no quite tu frío interno, te acomodas entre las multitudes que pasean por los charcos. Y sigue lloviendo, tronando y cayéndose el mundo sobre tu cabeza (o dentro de ella)
El viento, impasible sigue meciendo nuestros entes traslúcidos, que divagan en dirección a la avenida desencanto. Me enciendo una vela y la pongo junto a la ventana, la abro y se apaga. Cojo el mechero y el viento se lleva el fuego. ¡Mueve la vela, cierra la ventana! Joder, no es tan complicado, pero no puedo. La propia luz inexistente no me deja. Porque aunque esa vela esté apagada y el frío entre por la ventana, sigue siendo calor en contemplación teórica, y me vuelvo a poner el jersey para el alma y me quemo la tela con el mechero, porque claro, se me había olvidado que yo (al igual que la vela) también huelo a pasividad. Entonces, quemo el tiempo, las fotos de fiesta y ese maldito póster de Klimt que tanto me gusta y preside mi cama. Quemo las sábanas para que los sueños no se mojen en ellas y quemo la madera del suelo para no tener que volver a caminar en él.
Cierro la ventana, la puerta y me inundo el pecho de humo. Respiración, expiración, respiración, expiración. Reproducción número 22 de la misma canción, porque quiero morir en un loop de música otoñal. Sí, precisamente de esa que te hace caer los párpados para verla en la oscuridad.

Ha parado de llover en Salamanca mientras escribía esto, pero ahora vuelve a enfadarse el cielo y a tirar agua sin bendecir sobre el tejado de mi edificio.